miércoles, 31 de julio de 2013

VII

Cuando el viento gime en la alameda gris
los suspiros se pierden y la noche en calma
puede ser refugio de sueños que sueñan
con pobres placeres de simples mañanas
porque el viento gime en la alameda gris
mientras se desliza hacia la mar liviana
y no hay ni promesas, ni cantos, ni conjuros
que puedan tornarlo en una simple brisa
que refresque amores en la noche clara
cuando el viento gime en la alameda gris
no quedan dolores, no existe el mañana
no hay risa, ni llanto, ni brazos que abracen
no hay ni pan, ni rosas, ya no queda nada
solo el viento que gime en la alameda gris
mientras se desliza hacia la mar liviana.

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