lunes, 29 de octubre de 2012

Ocho escalones


Miguel cruzo la puerta de edificio, camino los diez pasos cortos que lo separaban de la recepción e intercambio con el portero los chistes de ocasión, algún comentario sobre el partido del domingo, el juez que siempre nos roba y que tiempo de mierda ché, parece que hasta el miércoles no para, bueno que pases bien, nos vemos a la salida, giro en dirección al ascensor solo para que Ramírez, le avisara que el ascensor estaba roto y que ya había llamado al service pero viste como son, con este tiempo y todo inundado no creo que vengan hoy.
Así que Miguel lanzo al aire su paraguas que hasta ese momento funcionaba momentáneamente de bastón y con un rápido movimiento lo tomo por la mitad, mientras se encaminaba decidido hacia los cuatro pisos por escalera que lo separaban de su oficina y del café de la mañana y la charla con su secretaria, con preguntas por los nietos y saludos para Mariela, que a ver cuando me pasa la receta de la torta de naranja.
Empezó a subir, lento pero seguro, cuando llego al primer piso se cruzo con el paraguayo de mantenimiento, trato de saludarlo solo para darse cuenta que no recordaba el nombre, parecía mentira veinte años en la empresa y no podía recordar como se llamaba ese tipo, siguió subiendo y cuando llego al descanso entre el primer y segundo piso se dio cuenta que estaba agitado, no le dio mucha importancia, culpo a la falta de costumbre, al cigarrillo que se fumaba a escondidas antes de dormir y continuo el ascenso, en el segundo piso no había nadie, respiro hondo antes de enfrentar un nuevo tramo de escaleras y el olor dulzón del perfume de las secretarias lo invadió por completo, se ve que hacia no mas de cinco minutos que habían entrado a las oficinas, volvió a tomar aliento y continuo la marcha, los pasos lentos, aferrandose a la baranda, la agitación se empezaba a transformar en una molestia que le cruzaba el pecho y le hacia temblar el brazo y el paraguas, siguió subiendo, a esas cosas no hay que darles pelota, solo había que seguir subiendo ya estaba en el tercer piso, aunque la molestia ahora doliera y el aire le siguiera faltando, faltaba un tramo de escalera y seis o siete metros a la derecha y ya llegaba y se sentaba y se tomaba su café y se resbalo, se agarro mas fuerte a la baranda y junto fuerzas, no, no iba a ser hoy, no iba a ser ahí, hubiera podido gritar pero le faltaba aire y le sobraba dignidad, le parecía que un hombre de sus años no podía andar dando espectáculo en las escaleras, aparte quien lo iba a escuchar , a lo sumo seria Ayala, claro Ayala, Ayala se llama el paraguayo, esbozo una sonrisa mientras trataba de apoyarse en la baranda y pararse para seguir subiendo, solo son ocho escalones pensó, intento un paso mas pero el dolor en el pecho pudo mas, se fue a apoyar en el paraguas y un resbalón después termino tirado en los escalones tratando de agarrase de la baranda y después pararse y después el dolor que seguía y después el mareo y después nada

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